Casa de Medrano

Martes a Sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00

Este edificio de arquitectura moderna y funcional, aunque con rasgos inequívocos de la arquitectura manchega tradicional, cobija en su interior la famosa Cueva de Medrano o Cueva de Cervantes, lugar en el cual, según la tradición, estuvo preso Miguel de Cervantes y comenzó a escribir el Quijote.

Entre sus dependencias, además de la cueva, podemos visitar una exposición del pintor valdepeñero Gregorio Prieto, compuesta por 17 obras de tema cervantino; un moderno corral de comedias con numerosos bustos de personajes del Quijote pertenecientes al escultor local Cayetano Hilario; la biblioteca municipal “Cervantes”; y la oficina de turismo.

Se sabe que a comienzos del s. XVII la casa pertenecía a la influyente familia Medrano.

Ser considerada como la cuna del Quijote suscitó un gran interés por esta casa desde sus primeros tiempos. Prueba de ello es que en 1862 fue adquirida por el Infante SebastiánGabriel de Borbón, prior de la Orden de San Juan, para fines culturales.

Tras la muerte del Infante en 1875, la casa pasa a manos de la princesa viuda doña Mª Cristina de Borbón.

En 1905, año del III centenario de la primera parte del Quijote, el edificio sufre un devastador incendio que prácticamente lo reduce a ruinas. Sobre éstas se reconstruye una edificación de una sola planta.

En 1970 la casa pasa a propiedad municipal y es declarada Monumento de Interés Histórico-Artístico, hoy, Bien de Interés Cultural.

En 1990, ante la situación de deterioro que sufre el edificio, se proyecta la rehabilitación que le otorga su actual apariencia. El nuevo edificio se inaugura el día 23 de abril de 1994, fecha conmemorativa de la muerte de Cervantes.

Como hemos dicho, la importancia de esta casa radica fundamentalmente en su cueva. Esta humilde y rústica cueva es el lugar que la tradición identifica como la prisión en la cual Miguel de Cervantes concibió y empezó a alumbrar su inmortal Don Quijote de la Mancha, lo que la convierte en una suerte de “santuario laico” de nuestra literatura del Siglo de Oro.

Esta antiquísima tradición se remonta a los mismos tiempos de Cervantes, quien a pesar de su voluntad de no “recordar” el lugar de la Mancha de su protagonista, indirectamente la ha alimentado con las alusiones a su propia prisión vertidas en el prólogo del libro:

“Qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”

No se conocen los motivos exactos de la estancia y prisión de Cervantes en Argamasilla de Alba. Los biógrafos cervantinos reconocen un vacío en los años previos a la aparición del Quijote (entre 1600 y 1603). Para unos el motivo del encarcelamiento, que debió de prolongarse por cuatro o cinco meses, no fue otro que la osadía por parte del “Manco de Lepanto” de dirigir un requiebro a una moza del lugar, emparentada con el cacique de la villa don Rodrigo de Pacheco. Otros opinan, sin descartar el “delito” del requiebro amoroso tan vinculado a la tradición, que la causa principal pudo ser debida a que Miguel de Cervantes pasó por estas tierras pretendiendo recaudar algunos diezmos del Priorato de la Orden de San Juan, lo cual le habría granjeado la enemistad de los poderosos del lugar.

Sea como fuere, a causa de su obligada estancia en esta cueva, Cervantes habría conocido a don Rodrigo de Pacheco, un hidalgo demente al cual habría tomado como modelo para la creación de su protagonista.

Posteriormente podremos conocer a este hidalgo a través del cuadro que puede contemplarse en la iglesia de San Juan Bautista.

A lo largo de los años, la Casa de Medrano recibe la visita de numerosas personalidades del mundo de la cultura venidas de todas las partes del mundo.

En 1863, el impresor Manuel Rivadeneyra traslada al interior de la Cueva parte de su imprenta, y edita su célebre Quijote de Argamasilla, prologado y comentado por el dramaturgo y miembro de la Real Academia Española, Juan Eugenio Hartzenbusch, quien ratifica con firme convencimiento la prisión de Cervantes en este lugar:

“En aquel tenebroso encierro, en aquel angustiado cofre de cal y canto, concibió  la fecunda mente de Cervantes la idea vastísima, triste alguna, regocijada casi siempre de su Don Quijote”.

En 1905, fecha del tercer centenario del Quijote, la casa recibe la visita de numerosos personajes ilustres, entre los que cabe destacar a Azorín, quien deja constancia de ello en su obra, La ruta de Don Quijote. También el poeta nicaragüense Rubén Darío, que publica una amplia semblanza de Argamasilla en el diario La Nación, de Buenos Aires.

La conmemoración del cuarto centenario de la Primera Parte del Quijote en 2005, de nuevo atrae a la Casa de Medrano renombrados representantes de la cultura. De especial relevancia es la vista que realiza el 18 de octubre de ese mismo año el Académico de la Lengua y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien con motivo de la misma dejó escrito en el Libro de Honor de la Casa:

“Parece que es evidente que es Argamasilla de Alba el “lugar de La Mancha” del cual Cervantes no quiere acordarse”.

En marzo de 2015, la Real Academia Española rinde homenaje a Cervantes en Argamasilla de Alba celebrando aquí un pleno extraordinario que coincide con el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote y con el tercer centenario de la fundación de la propia Academia.