Iglesia de San Juan Bautista

La iglesia de San Juan Bautista (S. XVI) se presenta como inconclusa a los pies, no se sabe bien la causa, aunque posiblemente la principal fuera por la falta de recursos o de subvención por parte de la Orden de San Juan. Este hecho nos ha legado un espacio original a la vez que muy interesante para estudiar y comprender las formas constructivas de este tipo de iglesias.

Ocupa en planta el tramo de la nave central entre dos potentes torres y el primer tramo de las naves laterales y la central, aproximadamente un tercio de la iglesia original. Podemos observar que la construcción alcanzó hasta el arranque de los arcos y la cubierta.

Las labores de consolidación y restauración llevadas a cabo en el año 2003, nos han aclarado de manera significativa el proyecto de alzado de los pies de la iglesia. Entre las torres, el espacio de la nave central se presenta compartimentado en dos pisos, cuya función sería un coro elevado sobre una bóveda estrellada. El coro tendría su acceso a través de la torre lateral izquierda, donde aún encontramos el proyecto de puerta. Posiblemente al exterior encontraríamos un vano que iluminaría este espacio. En el piso bajo se formaría un zaguán a modo de entrada, que daría paso al espacio rectangular de la nave-salón.

Los restos conservados nos presentan una unidad decorativa y constructiva con lo realizado en el interior. El mismo sistema de soporte, de elementos sustentantes. Sólo podemos ver diferencias en los materiales de construcción: piedra caliza en el muro, sillares en los pilares y finalmente el ladrillo en el inicio de los nervios y arcos formeros. Todo ello nos lleva a la conclusión de esa falta de recursos a que anteriormente hacíamos mención.

En la actualidad este espacio tan singular es utilizado eventualmente como auditorio.

La iglesia de San Juan Bautista se comenzó a construir en 1542 por Juan de Ornero. En 1587 la obra es encomendada al maestro cantero Juan de Rigos, quien la debía finalizar en seis años. Sin embargo, por razones desconocidas quedó inconclusa en lo que debía ser su entrada principal, cuya estructura, columna y arcos hemos podido contemplar en el Descubierto.

La iglesia de San Bautista se incluye en el grupo de iglesias “columnarias”, tipología que aúna la tradición gótica con los aires renovados del renacimiento italiano. En planta se presenta como un rectángulo de 58 metros de longitud por 20 de anchura, dividido en tres naves, la central doble de ancha que las laterales. Su planta inicial incluía dos torres gemelas, pero sólo se construyó una en la parte inconclusa hasta la cornisa, rematada finalmente hasta sus 36 metros actuales en 1913.

En alzado, los elementos sustentantes son los pilares circulares que dan lugar a la tipología de “columnarias”, pilares circulares sobre zócalo, basa, fuste liso y capitel con faja decorativa de vegetación espinosa propia del siglo XVI, donde se recogerán los distintos nervios de las bóvedas.

Una de las características de estas iglesias es que las tres naves se alzan a la misma altura. A este tipo de alzado se le denomina “iglesias de nave de salón”, que contribuyen a crear una sensación de espacio mayor o de mayor monumentalidad.

En los siglos XVII y XVIII, la iglesia es completada con nuevas adiciones: capillas laterales, enlosado y dos magníficos canceles con tallas de la efigie y escudos familiares del príncipe Emmanuel Filiberto de Saboya, Prior de la Orden de San Juan.

El templo debió contar con obras artísticas de considerable valor, pero sufrió dos saqueos, uno en 1808 cuando se apoderaron del pueblo las tropas napoleónicas, y otro en 1936, durante la Guerra Civil.

Aun así, la iglesia de San Juan Bautista encierra importantes obras de arte.

Así, podemos admirar el cancel renacentista donado en 1588 por Emmanuel Filiberto de Saboya, a través del cual hemos accedido al interior del templo. Contiene un medallón central a manera de busto como si de una medalla  se tratara, que representa al príncipe.

En la capilla situada a la derecha del altar mayor se encuentra el Cristo de la Merced o Cristo de la Buena Muerte. Proveniente del convento de los Mercedarios esta talla de madera noble del siglo XVII posee gran valor artístico. Perteneciente a la Escuela Andaluza, se trata de una obra manierista de potentes proporciones clásicas y una equilibrada carnación que mueve al espectador a un dialogo entre la talla y quien la contempla.